INTRODUCCIÓN

En la Unidad 1 intentamos una definición de solidaridad como valor ciudadano. Buscamos después en la Unidad 2 una forma de ser solidario, siguiendo el ejemplo y estímulo de organizaciones y de voluntarios que la practican de un modo sistemático. Damos ahora en la Unidad 3 un paso más, o volvemos sobre nosotros mismos: ¿Somos solidarios en el mismo colegio y, concretamente, en la actividad que más tiempo nos ocupa cada día? Solidaridad en el aprendizaje, por ahí empezamos; y terminamos, como siempre, con noticias, cine y libros, completando así este ciclo dedicado a ser sólidos, fiables y comprometidos en este valor ciudadano.

Importante: El e-studio sobre Solidaridad está dividido en 3 Unidades, editadas separadamente en la web, que pueden ser consultadas en un documento único en la versión word adjunta a este documento.

1. LA NOTICIA

Solidaridad en el aprendizaje

Se dice que existen más de 3.000 oenegés en España y que, según las conclusiones del Observatorio Juvenil 2008, más de un millón de jóvenes de 16-27 años, un 14% del total de la población, colabora en alguna institución solidaria. Sus motivos son «sentirme bien y útil ayudando a los demás», «cambiar a mejor el mundo y esta sociedad» y «madurar personal y profesionalmente». Por otra parte afirman que la falta de tiempo impide una mayor participación y que, por otro lado, nadie le ha propuesto esta forma o estructura de colaboración social.

En contraste con esta generosidad abierta con lo que pasa fuera del colegio, lo cual está muy bien, la noticia es que los alumnos pasan la mayoría del tiempo que consumen en clase haciendo actividades de tipo autónomo. De vez en cuando se proponen trabajos en grupo en las que a todos se les pide que colaboren. Y, al final, las evaluaciones son siempre individuales, y el trabajo en grupo es más bien un medio para conseguir un mejor aprendizaje individual, pero no se valora como tal: esto es, en general nadie tiene nota por haber trabajado bien o menos bien en su grupo, aunque la nota no sea precisamente lo más importante.

Después, en horarios no de clase académica, muchos colegios dedican tiempos especiales a trabajar, en grupos voluntarios, temas y actitudes como es el de la solidaridad: se organizan, hacen campañas, ayudan a gentes necesitadas e incluso se dan un nombre de grupo que les distingue.

¿Se pueden cambiar un poco las cosas y hacer que el trabajo que ocupa casi todo el tiempo académico sea especialmente solidario, en el que cada uno no estudia y aprende principalmente para sí, sino para sí y los demás? ¿Es creíble que el valor ciudadano de la solidaridad no entre de una forma estructural en todas las acciones del currículo escolar y se deje, como un apósito extra, sólo para tiempos añadidos a la tarea educativa?

¿Tienen razón los jóvenes de la encuesta del Observatorio juvenil 2008 que no hay tiempo para ser solidarios de una manera estructurada y que, sobre todo, nadie le ha propuesto formas o estructuras de colaboración social?

¿Se da también esto en las actividades académicas del colegio?

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