VALOR CIUDADANO 4: CONOCIMIENTO CIENTÍFICO

INTRODUCCIÓN

El presente e-studio consta de 4 Unidades, que se editan separadamente en la web. Para facilitar el trabajo en clase se puede consultar también en un documento único, editado en word, en esta misma Unidad.

VALOR CIUDADANO 4: CONOCIMIENTO CIENTÍFICO / UNIDAD 3: CONOCIMIENTO CIENTÍFICO, CERTEZA Y DUDA

La ciencia no produce certezas: una cosa son los hechos irrefutables (la Tierra no es plana, sino aproximadamente esférica) y otra las teorías y los modelos científicos.

-«El problema del mundo es que los estúpidos están completamente seguros y los inteligentes llenos de dudas». Bertrand Russell

– «La auténtica ciencia enseña sobre todo a dudar y a saberse ignorante». Miguel de Unamuno

-Wiliam Hamilton: «La cumbre más alta de la ciencia humana es el reconocimiento de la ignorancia humana»

El valor de la duda

Sobre los hechos podemos llegar a desarrollar certezas incuestionables, pero sobre la forma en que los explicamos, que es lo que hace la ciencia, siempre debemos dejar una puerta abierta a la duda.

John Archibald Wheeler, físico estadounidense que le puso nombre a los agujeros negros, solía decir que vivimos en una isla rodeada de un océano de ignorancia, y que a medida que nuestra isla de conocimiento crece, también lo hace a costa de nuestra ignorancia. Se refería al conocido fenómeno de que cuanto más sabemos sobre el mundo más preguntas nuevas nos van surgiendo, lo que nos obliga a reconocer que la ciencia es como una máquina de fabricar nueva ignorancia. Wheeler, como todos los buenos científicos, se pasó la vida luchando contra la sensación de certidumbre que con tanta facilidad nos invade a los humanos. Si no dudásemos y no reconociésemos nuestra ignorancia, nunca tendríamos ideas nuevas.

1. LA NOTICIA

Darwin y Galileo

En el 2009 celebramos los 400 años de las primeras observaciones de Galileo con el telescopio y los 150 años de la publicación de El origen de las especies, la obra en la que Charles Darwin dio a conocer su teoria de la evolución. Los hallazgos de estos científicos dieron lugar a auténticas revoluciones: el primero, al desalojar a la humanidad de su posición privilegiada en el centro del universo; y el segundo, al convertirnos en una más de las especies que pueblan el planeta, fruto además de un proceso de evolución incompatible con la creencia de que somos el fruto escogido de la creación.

Sin embargo, ambos se enfrentaban de forma completamente distinta a sus propias dudas. El carácter orgulloso de Galileo le llevó a exigir que se adecuase el contenido de la Biblia al modelo heliocéntrico del universo, aunque todavía no disponía de una prueba irrefutable que demostrase que la Tierra daba vueltas alrededor del Sol. Por el contrario, la prudencia de Darwin le llevó a esperar veinte años antes de dar a conocer la teoría de la Evolución.

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