Fernando Pariente. No fue el resultado de ninguna sentencia, ni hubo juicio alguno, ni acusación, ni justificación alguna. Simplemente un decreto del Directorio militar, salido de la voluntad todopoderosa del dictador Primo de Rivera, a quien no le gustaba la personalidad de Miguel de Unamuno. Y así lo desterró a la isla de Fuerteventura. De paso lo destituyó de sus cargos de vicerrector de la Universidad de Salamanca y del de decano de la Facultad de Filosofía y Letras, al tiempo que le declaraba suspendido de empleo y del sueldo de catedrático de dicha universidad. En el mismo decreto se ordenaba también el cierre del Ateneo de Madrid. El gobierno de la dictadura no estaba dispuesto a tolerar la más mínima crítica y pretendía con estas medidas amedrentar al entorno cultural.