Fernando Pariente. Pedro de Valdivia salió de Cuzco, despedido por Pizarro, en enero de 1540 con sólo once soldados españoles y cerca de un millar de indios. En el camino se agregarían otros españoles mandados por Francisco de Aguirre. Pasaron un sinfín de penalidades hostigados por los valientes mapuches. La novela de Isabel Allende Inés del alma mía relata así la fundación de la capital:

Trece meses después de haber partido del Cuzco, en febrero de 1541, Valdivia plantó el estandarte de Castilla a los pies del cerro Huelén, que bautizó Santa Lucía porque era el día de esa mártir, y tomó posesión en nombre de su majestad. Allí se dispuso a fundar la ciudad de Santiago de la Nueva Extremadura. Después de oír Misa y comulgar, se procedió al antiguo rito latino de marcar el perímetro de la ciudad. Como no disponíamos de una yunta de bueyes y un arado, lo hicimos con caballos. Caminamos lentamente en procesión, llevando delante la imagen de la Virgen. Valdivia estaba tan conmovido que le corrían lágrimas por las mejillas, pero no era el único, la mitad de aquellos bravos soldados lloraba.

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