0. PREPARACIÓN

Si queréis pasar un rato divertido a costa de un especialista del lenguaje-pero, por favor, sin decirle a nadie que he sido yo el que ha dado la pista-, no tenéis más que preguntarle, con tonillo inocente a la par que interesado y curioso, si es verdad que no existe la sinonimia absoluta. Pueden pasar dos cosas: o que os encontréis con un señor gramático del que se desborde el sentido común, como Gregorio Salvador (cosa poco probable, y entonces no pasará nada; pista: más adelante hablaremos de él), o que notéis cómo enseguida empiezan a cambiarle los colores de la cara, el habla se le vuelve entrecortada y titubeante y hasta puede que empiece a salivar calamitosamente.

Porque, en efecto, varias posturas mal argumentadas, pero muy bien ilustradas con lo que se llama ejemplos ad hoc, y cierta confusión sembrada en unas bases teóricas a veces innecesariamente oscuras han dado pie a una discusión, entre los semantistas más serios, que se ha prolongado durante decenas de años, mientras que el hablante culto (y el no tan culto) la hacía irrisoria dando prueba práctica, día tras día, de lo insostenible de ciertas estratosféricas posiciones. ¿Que si existe la sinonimia? Pues <Sí hay sinónimos>, titula su trabajo Gregorio Salvador.

Y, como el movimiento se demuestra andando, además de algunas ideas para entender mejor en qué consiste este fenómeno semántico, no tenemos los lectores de periódicos y, más aún, quienes cada día los escriben otra cosa que hacer más que leer los titulares de cualquier día para ver la cantidad de elecciones entre distintas opciones que ofrece la lengua.

1. LA NOTICIA

Para este e-studio de noticias vamos a usar tres noticias, de las que hablaremos más adelante, y el periódico del 7 de junio del 2009, del que nos quedaremos básicamente con los titulares. Y, para seguir con la anterior argumentación, vamos a empezar por la noticia principal de ese día en primera página: «Los ingresos de los ayuntamientos gallegos por tributos del Estado cayeron un 20% en cuatro meses». ¿Que no hay sinónimos? ¿Entonces qué diferencia existe entre ese enunciado y, por poner un ejemplo de varios posibles, este otro: «Las retribuciones de los concejos gallegos por contribuciones del Estado disminuyeron un 20% en cuatro meses»? Nada menos que cuatro palabras hemos cambiado en esta sencilla oración, todas ellas de importancia semántica considerable (no son preposicioncillas ni pronombres), sin alterar el significado de la oración. Y, en algún caso, disponíamos de más opciones (municipios, ayuntamientos; bajaron) donde elegir. Desde este punto de vista práctico (que más pertenece al ámbito de la retórica que al de la semántica), el de la posibilidad de cambiar una palabra por otra (o por una expresión) vamos a encarar este e-studio sobre la sinonimia.

Y para empezar vamos a referirnos a tres informaciones que recientemente pudimos leer en el periódico que estaban más o menos referidas al tema.

En primer lugar, un artículo de opinión aparecido en la página 17 del 19 de marzo del 2009. Se titula Caminos, lo firma Gonzalo Ocampo.

En segundo lugar, también en las páginas de Opinión, en la 19, Francisco Ríos escribía El día después, el día 30 de mayo del mismo año.

Por último, nos vamos a referir a un magnífico artículo que firma en el mejor suplemento de La Voz de Galicia, La Voz de la Escuela, quien estas páginas escribe, que se quedó con las ganas de hablar algo más del asunto. Se publicó el 15 de abril del 2009 en la página 6 y lleva por título (original en gallego): Sendas e vías, carreiros e estradas¸ como para que no quede duda de que yo también -recogiendo el tono irónico de Gregorio Salvador, y reproduciendo asimismo / también sus palabras- «he llegado a la conclusión de que los sinónimos son principalmente patrimonio de los tontos».

1 Caminos

18/03/2009 | OPINIÓN

Aquella definición que Álvarez Blázquez hacía de Galicia como «país de la encrucijada» le había llevado a mostrar a sus lectores un rico repertorio de sustantivos que serían como distintas especies del género camino. Desde este punto avanzamos un tanto en torno a la singular interacción entre Galicia y la modificación de la infraestructura terrena de modo que facilite el tránsito de las personas de un lugar a otro, primero, y, después, el tráfico propiamente dicho.

Me sirvo de un texto -inédito- de Carlos Casares, que adjetiva de modo admirable los caminos, como corresponde a un autor con la riqueza de la sencillez narrativa, la avizorante atención a cuanto le rodeaba y el profundo conocimiento del alma gallega.

Decía Casares que «somos tamén un país de camiños. Temos o camiño carral, que é o que usan os carros; o camiño de cabras, que é sempre difícil, cheo de riscos e pouco apto para as persoas; o camiño de ferradura, que é aquel polo que transitan burros e cabalos; camiño de rodas, que sirve para toda clase de vehículos; o camiño real, construído polo Estado, e que se chama tamén verea. Hai ademais o camiño novo, o camiño vello, o camiño veciñal, o camiño aldeano, e moitos camiños máis». Ciertamente «somos o país do camiño, un país feito gracias a un camiño e un país que serviu de final para moitos camiños».

Hay, entonces, razones bastantes para afirmar que el camino es incuestionable signo de Galicia, tal vez desde que la historia marcó para la humanidad, por los siglos, las rutas de los peregrinos, afanosos por rendir su singladura en Compostela para redimir sus penas ante la tumba de Santiago Apóstol.

(Gonzalo Ocampo)

2 El día después

30/05/2009 | OPINIÓN

La decisión del Gobierno de autorizar la dispensación sin receta de una píldora que, tomada un día después del coito, evita el embarazo ha agitado, además de la polémica sobre las cuestiones morales inherentes al caso, el viejo debate sobre la denominación del comprimido. Cuando apareció en el mercado, no hace de ello muchos años, surgió entre los hablantes la denominación píldora del día después. El más hábil lanzador de dardos del español la anatematizó con dureza, viendo en ella el reflejo inequívoco de una película que entonces se exhibía con el título The Day After. Indignado, observaba en la acuñación dos violaciones: «Se cambió el adverbio después en extraño adjetivo para calificar el nombre día; y, de paso, se arrumbó el día siguiente, dejándolo apto solo para la tercera edad».

La filípica tuvo efecto, y desde entonces es generalizado el rechazo del sintagma el día después por parte de quienes de estos asuntos se ocupan, que proponen sustituirlo por el día siguiente. La última recomendación, difundida urbi et orbe hace solo unos días, anima a emplear preferentemente la denominación píldora del día siguiente «por ser más propia del español culto». ¿Seguro?

La Academia admite el uso de después como adjetivo, y no solo como adverbio, desde la edición del Diccionario de 1925: «Hablando del tiempo o sus divisiones, se suele usar como adjetivo por lo mismo que siguiente o posterior: el año después ». En la última edición del DRAE, la definición de después en su quinta acepción dice: «5. adj. siguiente. Murió el año después». El ejemplo con que la ilustraba en la anterior, la de 1992, era ni más ni menos que «El día después».

Se ignora si quienes a principios del siglo XX introdujeron en el Diccionario después con valor adjetivo habían visto The Day After, pues ya D. W. Griffith había rodado en 1909 una película con ese título. Es más probable que hubiesen leído a escritores españoles de categoría que, como Pérez Galdós, usaban el día después sin reparo: «… pasó a mejor vida en esta misma casa la víspera del incendio y antevíspera de la inundación, o lo que es lo mismo, el día después de la batalla de Zarapicos» (Tropiquillos, 1890).

José Francisco de Isla, el padre Isla, lo empleó en la Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas alias Zotes (1758): «Y como el día después del famoso sermón de la Anunciación le fuese a calzar el zapatero». El jesuita leonés tuvo problemas con la Inquisición a causa de esta obra, pero parece seguro que no fue por emplear el día después.

Pese a que son aceptables tanto píldora del día siguiente como píldora del día después, hay una forma que puede ser más precisa de designar el fármaco: píldora poscoital, que en el uso ya va desplazando a píldora del día siguiente.

(Francisco Ríos)

3 Sendas e vías, carreiros e estradas

15/04/2009 | LA VOZ DE LA ESCUELA

La tercera noticia, en realidad un artículo de La Voz de la Escuela del autor de este e-studio dedicado precisamente a este tema. Reproducimos solo el texto del bloque principal, pero puede ampliarse la información en el enlace de más abajo (en el apartado Recursos):

Lembraba hai uns días en La Voz Gonzalo Ocampo, nunha columna titulada Camiños, un texto xornalístico de Xosé María Álvarez Blázquez (o homenaxeado no 2008 o Día das Letras Galegas) do ano 1976, La encrucijada, que trataba sobre o tráfi co e defi nía a peculiaridade de Galicia como «país de camiños». Falaba Álvarez Blázquez dos moitos nomes que se lles dá aos camiños, o que suxire falarmos da sinonimia a propósito desta palabra.

Se buscamos o signifi cado da palabra camiño, veremos que ten cinco acepcións rectas (isto é, non figuradas), entre as que lemos estas tres: <espazo de terreo para ir dun lugar a outro>, <sucesión de lugares polos que se pasa para ir dun sitio a outro, itinerario> e <dirección que se ha de seguir>. E, ao buscar os seus sinónimos, atopamos para a palabra camiño tres grupos de termos: primeiro, carreira, carreiro, corredoira, estrada, paseo, rúa, sendeiro, verea vía e vieiro (relacionados coa primeira acepción); segundo, curso, itinerario, percorrido, traxecto (relativos á segunda); e derrota, dirección, rota, ruta, rumbo (da terceira).

Do primeiro grupo de sinónimos, só un, vía, ten un significado ao menos tan xeral como camiño. Das acepcións rectas de vía, algunhas relaciónanse co termo anterior: <camiño ou estrada que une un lugar con outro>, <itinerario ou percorrido que conduce a un lugar determinado> e <con dirección>». Outras, non, como: <carrís polos que circulan os trens%u2019 ou %u2018forma ou punto de introdución dun medicamento>.

Tamén hai grupos de sinónimos: camiño, estrada; itinerario e ruta; e dirección, rumbo, que, como pode verse, están na liña dos sinalados para camiño. Non é só porque o diga o dicionario, obviamente, senón que nós mesmos podemos comprobar que, non sendo nalgunhas acepcións non compartidas polas dúas palabras, ambos termos son intercambiables na maior parte dos contextos nos que aparecen, ou sexa, son sinónimos.

¿Poderiamos pensar, en boa lóxica, que todos os sinónimos de camiño e de vía ata aquí recollidos son igualmente intercambiables? A realidade é que non: non é o mesmo unha carreira que unha estrada; e un itinerario non é un rumbo nin unha rúa un vieiro. E esta distinta distancia entre os termos de significado equivalente levou aos teóricos da linguaxe a unha interesante discusión sobre se existe a sinonimia ou non, de xeito que algúns negan que o fenómeno se presente con toda pureza, mentres outros a defenden con criterios de máis ou menos lasitude.

Os que a negan afirman que a sinonimia ten que ser total e, polo tanto, camiño e vía non son sinónimos, pois, por exemplo, no canto de vía non se pode dicir <Onte o tren descarrilou do camiño>. Porén, a sinonimia é defendible se se entende que o que se intercambia é un dos significados dunha palabra por un significado de outra, é dicir, a primeira acepción de camiño é o que se cambia pola primeira acepción de vía, por exemplo. O que non se se fai é substituír unha palabra con todas as súas acepcións por todas as da outra palabra. Noutros termos, a sinonimia é un fenómeno de significados, non de signos.

E, definitivamente, son os falantes quen de feito pensan que camiño e vía son sinónimos, posto que intercambian estas palabras nalgunhas das súas acepcións, e na práctica úsanos como tales sen maior complicación… ou con dificultades, pode ser, pero os usan.

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