1. LA NOTICIA

El 18 de febrero de 1915 falleció en Madrid Francisco Giner de los Ríos, el fundador de la Institución Libre de Enseñanza, el pedagogo que más hizo por la educación en España en el último tercio del Siglo XIX y el primero del XX. Se acaba de cumplir el primer centenario de la muerte de Don Este hombre singular, a quien tanto debe nuestra cultura.  Mientras, en Europa, se libraba una de las guerras más crueles de la historia. 

Es posible que hoy nadie se acordara de Giner de los Ríos, un catedrático de Filosofía del Derecho y Derecho Internacional de la Universidad Complutense de Madrid, si un ministro, llamado Manuel Orovio, de quien hoy nadie se acuerda, no se hubiese empeñado en controlar la lealtad de los profesores a la corona y a la doctrina católica mediante la firma de un documento de compromiso. Hubo entonces quienes no aceptaron esta imposición y de ese conflicto nació el liderazgo de Giner de los Ríos. En principio le costó la pérdida de su cátedra, pero de ahí surgió la idea de fundar una organización, privada e independiente, dedicada a la educación. La injusticia fue el caldo de cultivo del que nació una espléndida realidad. La Institución Libre de Enseñanza, la ILE, fue, en el primer momento, un centro privado de educación universitaria, pero  a los dos años de su fundación centró su trabajo también en la educación primaria y secundaria. El objetivo del maestro era la regeneración de España, pero su herramienta para conseguirla fue la educación. Así nació su vocación pedagógica, que fue lo único que llenó su vida.

El máster universitario de escritura creativa de la Universidad de Sevilla publicó la convocatoria de un homenaje a Francisco Giner de los Ríos el pasado 10 de febrero. Lo acompañaba del siguiente texto:

“El próximo miércoles, 18 de febrero de 2015, se cumplirán 100 años de la muerte del más importante Educador de la historia de España. Impulsor de la Institución Libre de Enseñanza y de todas sus iniciativas e instituciones vinculadas (como la Residencia de Estudiantes), es muy difícil que podamos entender buena parte de lo mejor de nuestra educación y cultura sin este “Andaluz de fuego”, como le llamó Juan Ramón, “Hermano de la luz del alba”, según Antonio Machado”.

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