Prensa-Escuela

Viernes, 24 Enero 2014

Hay niños que aprenden a ser intolerantes consigo mismos cuando todo el mundo les dice que son inaguantables.

Si abres la página de la ONU sobre el Día Internacional de la Tolerancia, te encontrarás con una serie de carteles que te informan, e impactan, sobre los campos principales donde la intolerancia todavía es el pan agrio de cada día en el mundo: la fosa común de los muertos en Costa de Marfil después de las elecciones presidenciales, rostros de personas que tuvieron que huir de sus pueblos, refugiados saharauis en Argelia, refugiados kosovares en Macedonia, sudaneses, niños heridos en Azerbaiyán.

– Pero también te encuentras, en el mensaje positivo,  con carteles que luchan para que esto no vuelva a suceder: Los niños de Sudáfrica no entienden de discriminación racial. Una danza interactiva de niños y mayores en la sede la ONU: <Somos Familia>. La policía de Sudán y la policía internacional de paz estrechan sus manos. Niños de la escuela de Bronx afianzan su amistad. La madre Teresa con los pobres y moribundos de todas las castas y religiones. Y un cuadro significativo que representa personas de diferentes nacionalidades con el lema: <Haz a los demás como te gustaría que te hicieran a ti>.

Intolerancia con nosotros mismos

Parece como si la intolerancia fuera cosa de fuera y lejos: fuera, pretérita en el tiempo; y fuera, lejana de nuestro hábitat. Pero no es así: Según apuntan estudios de las ciencias humanas, los primeros intolerantes somos nosotros con nosotros mismos. 

– Niños, personas mayores que nunca han sido admitidas como son, cómo están en diferentes momentos de su vida, incluida desde luego su primera infancia y su reestreno como tales en la escuela. Niños entre nosotros, hoy y cerca, que aprenden a ser intolerantes consigo mismo cuando han oído en su propia casa, y después en el colegio, que son inaguantables o cosas por el estilo. 

– La visión que cada uno tiene de sí mismo depende, en gran parte, del eco que percibimos de cómo nos ven y nos aceptan los demás. Y así, el que no es considerado como buen alumno y se le degrada por ello va ya de lado el resto de su vida, a no ser que sus cualidades personales, que a veces nunca se han tenido en cuenta porque no entraban en el tópico cuadro escolar, lo saquen adelante.

La visión positiva de sí mismo comienza en casa

– Y es que la visión positiva/negativa de sí mismo no se arregla con mirarse al espejo e intentar con sucedáneos arreglar el reflejo de tu rostro. Va por dentro y, cuando duele, no es fácil que cada niño, ni cada adulto, acepte tampoco con facilidad a los que ve distintos a sí mismo, a sus propias creencias, a sus personales ideas y sentimientos.

– Está muy bien luchar por ser tolerantes con todos; pero qué difícil se hace el sentirse intolerado en clase tal vez, o en casa, o en la calle por tu misma pandilla.

–  No hay que ir tan lejos, hablando sólo de la intolerancia mundial. La cosa está más cerca, casi a tu lado, y la llevamos dentro desde los primeros años de nuestra vida cuando leemos una noticia en el periódico en casa, cuando hacemos un comentario viendo las noticias en la televisión, criticando, sin más,  a los que no piensan como nosotros o viven en culturas diferentes a las nuestras.